Esbelto,de goma elástica,
con otra luz y otra plástica,
vino el torero de México
con su sabor de onomástica
y su novedad de léxico.
Y aunque se ve que es el mismo
cañamazo y alfabeto,
borda un dechado,un guarismo
de cismático bautismo
y defendido secreto.
Solo una Meca, un Califa
entre el Roncal y Tarifa
quiso el padre del torero,
un solo premio en la rifa
el hijo del Zebedeo.
Y una india matriz concibe
más allá del mar caribe
un chamaco -¿un héroe,un golfo?-
y le cristiana y le inscribe
con el nombre de Rodolfo.
El nuevo Martín Lutero
ya se estira y se apersona,
y se estiliza altanero.
Qué elegancia de torero
la de Rodolfo Gaona.
Pues su quiebro de rodillas
y su larga y su verónica,
su tercio de banderillas,
merecen,no estas quintillas,
otro Bernal y otra Crónica.
Lámina pura de oro,
flexible, sonora, huera,
riza y desriza ante el toro
el azteca meteoro
de la sagrada gaonera.
De pecho con la derecha
va a ser el pase que estrecha
Menfis,Aldamas y Bali,
hieratismo con sospecha
de pirámide o teocali.
Después y ya en pleno cisma,
las dinastías honrosas:
los Freg -sangres generosas-
y los Armillas en prisma
de facetas espinosas.
Y Garza,que es ave rara.
-¿Y Arruza?- Si se alquitara
su sangre, si no se cruza,
¿no es toda nuestra esa cara,
"veni-vidi-vici" Arruza?
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