Dadme un lienzo moreno,una tela bien fuerte,
que he de trazar los hombros,las caderas rampantes,
la cara de espolique de Miguel de Cervantes
y las piernas de goznes para cargar la suerte.
Ese es Ortega el gusto, tal un frasco de vino
que de tan seco y blanco se evade en transparencias.
Siglos,memorias de eso qe ahora llaman vivencias,
dispararon el vuelo azor de su destino.
Pendolista en los pliegos de barba de la arena,
con rasgos procesales sentencia la faena
a inapelable fallo secreto encadenada:
el instante supremo,congelador de asombros,
de ese gesto tan suyo de congregar los hombros
-las alas invisibles- para armar la estocada
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