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martes, 7 de junio de 2011

Medinaceli

Ciudad del cielo,soñada,
recostada
en la arista tajadora
de aquel cerro de codicias
donde ensaya sus primicias
el águila planeadora.

Ciudad del cielo,Medina
diamantina,
inviolable a las mesnadas
y a los ángeles abierta.
Ciudad dormida,despierta
y abre tus alas plegadas.
Que tienes ancha la puerta
y sin hojas arrancadas,
para perder tus miradas
diafragma de gloria cierta.

Que viene ya el sol, jinete,
en ristre su lanza de oro.
Desabrocha tu sonoro
coselete.

Y entrega tu piel oscura,
tu virgen carne morena,
a esa llama que fulgura,
transfigura
y enajena.
Porque tu vida,Medina,
criatura
del cielo,al cielo se adscribe,
y todo lo que en ti vive,
vive una vida divina.

Entre sueños,prisioneros
van tus mozos,
y entre lumbres tus doncellas,
con resabios de luceros
y sollozos
y soledades de estrellas.
No eres de este mundo, no,
Medina,claustros angélicos.
Del cielo sí y de sus bélicos
alardes te sueño yo.

Medinaceli soñada,
ciudad que yo nunca vi:
sueña tú también así,
tan despierta;
sueña siempre,sueña alerta,
a las mesnadas,ferrada,
y a los ángeles,abierta.

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