Por la espina dorsal de la tormenta
corre un tranvía azul ruedas arriba
Un fuerte olor a salvia
despide la manifestación de los mineros sin trabajo
Al lado del cortejo
la máquina engrasada miembro a miembro
duerme aparentemente acechando el minuto
Sobreviene es seguro
el salvamento del pasmo y del deleite
del deleite pesado que hace girar al orbe sobre un eje
cuando en plena bocamina
el vijilante nocturno
acostumbrado a estudiar sus relevos
ha visto a las estrellas olvidarse en cuclillas
El oro el estaño el caolín
la pura calcedonia el ágata la sílice
las revueltas materias
y la visita ilusa del azufre
renuevan la poesía de la tierra
que apenas de ella si recuerda y sufre
En la piel de elefante que antaño la sostuvo
desierta hasta ahora mismo
acaba de ponerse en huevo disminuto
Nadie sabe de qué color serán las plumas del polluelo
cuando las piquetas furiosas
el sueño desmoronen
hurgando galerías de fuera adentro
y cáscaras de dentro afuera
Por lo que sí es cierto
es que se ha comprobado
en toda la gama azul del escrutinio
el aletear de un nuevo plomo peso pluma
gracias al ejemplo del divino aluminio
Arriba las alas y el mercurio
y los ludiones de los corazones
La sed otra vez se inventa
y en las bocas unánimes de la muchedumbre
florecen las hojillas velludas de la menta
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