Dicen que ya estoy maduro,
que se conoce en mis versos,
y al que ayer joven poeta
hoy le pretenden maestro.
Dicen que ya estoy maduro,
que se conoce en mis besos
y en no sé qué de mi voz.
Pronto me han de llamar viejo.
Pero a mí ya no me importa
porque he aprendido en mis textos
que se vuelve del revés
como un dócil guante el tiempo.
En mi bolsillo me bailan
con los años venideros,
los que viví y vivo, y siempre
cultuvo y mimo en mis huertos.
Todo es una flor de estambres
y de pistilos concéntricos,
flor que gira se deshoja,
una sola flor el tiempo.
Dicen que ya estoy maduro
y hasta debe de ser cierto,
que a las dos de la mañana,
miembras dibujo estoy versos,
cierro los ojos y escucho
cómo presiden los ritmos
el sosiego de lo eterno.
Los ritmos que aquí en mi casa
-contrapunto- están latiendo,
cuatro -misterio- inocencias
en cuatro menudos lechos.
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