Él era un veterano,era una sombra
de lo que fue,y yo era todavía
un niño de calzón corto, una cría
de terco aficionado que leía,
recitaba de coro el "Sol y Sombra".
Cuántas veces detuve mis sedientos
ojos de euritmia y de andaluza gracia
en aquella instantánea -aristocracia
adivinada de los movimientos-.
Y un día en el cartel "Antonio Fuentes".
No lo quise creer. Y era posible.
Aún nací a tiempo, oh dioses providentes.
Mas ¿si llueve? o ¿si enfermo? Ay corruptible
felicidad del puro aficionado.
El ruedo,la ruleta inmóvil, fija.
Azar fascinador.Y no hay quien rija
la meteorología del tornado.
Llegó la tarde. Qué dicción suprema.
Pasos no hacía Apolo tan medidos.
Con las piernas quebradas.Los tendidos
vibraban de elegancia, la diadema
le ceñía los rizos canecidos.
Universal la consagrada frase:
"Si verde el paseíllo vale el duro."
Pero hubo más: el lance,el quiebro,el pase
y aquel sentarse en el estribo,un puro
gesto de emperador cierto y maduro
que en la urbe augusta el Papa coronase.
Lección de sobriedad, un solo giro
de su capote, oh pliegues desdeñosos,
y ya era todo orden,luz,sosiego.
Gracias,Antonio Fuentes. Del retiro
volviste una vez última a los cosos
a confirmar de gracia unos gozosos
ojos adolescentes de pasiego.
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