Toda la noche caminando.
Anduvo vacío y sín sangre
por los montes todos los rumbos,
todas las flores por los valles,
por los prados todas las hierbas,
todas las hojas por los árboles.
Anduvo y anduvo y anduvo
-caricia de cola de ave-.
Cada paso,un beso sin peso.
Cada beso, una estrella errante
rayando con fuego la lija
de un cielo desierto de ángeles.
Nadie le vio. Ni ¿cómo verle
si era transparencia de aire?
Nadie le oyó, nadie lo supo,
misterio mudo, nadie,nadie.
Era el ángel de cinco puntas
girando, sembrando sus ángeles.
Por una rendija de oriente
el alba desliza su túnica.
La yacente ya se incorpora,
se despereza,se desnuda.
Los gallos desclavan estrellas
y las golondrinas las buscan.
Corren los ángeles el ángelus
desde Ribadeo a Coruña,
y en el hálito augur del alba
se empaña el oro de la luna.
Es el instante del milagro.
Despertad,dichosos mortales.
El cielo,el cielo, aquí en la tierra.
Un cielo de cielos. Un ángel.
Un ángel pasó ,un ángel queda
en gotas y gotas de ángeles.
Ángel de cristal y de lágrima,
ángel de temblor y de cárcel,
ángel de niebla y lluvia y río,
ángel que se muda de ángel.
Ángel de rocío y de número,
el siempre y nunca, el infinito.
¿Qué arcángel te enseño la tabla
de multiplicarse por filo?
Flores y hierbas te comulgan,
esférico y puro y preciso.
¿Por dónde entraste,iris y fuego,
en tu inconsútil paraíso?
Mas ¿no eres tú mismo el alcázar
y el príncipe dentro cautivo?
¿El encantador encantado,
eterno,cambiante y efímero
ángel entero en cada lágrima,
ángel cabal, igual,distinto?
Y me acerco para mirarte
y sobre el césped me arrodillo
para verte sobre los cálices
celestialmente repetido.
El cielo ha bajado a la tierra
en la noche rasa de frío,
el cielo puro de los ángeles
temblando al verse sin abrigo,
el cielo ofrecido a los hombres,
el cielo,un ángel de rocío.
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