La ley de la rapiña
sigue imperando en cerco tenebroso.
Innoble rebatiña:
dragón,águila y oso
tras cordero interpuesto entablan coso.
Ese bella entre eses,
curva el pais su costa. Horrendo tajo
la hiende. Ay, vietanameses.
Culpa brutal contrajo
quien el hacha blandió de arriba a abajo.
Alemanias,Coreas
clamando están. ¿Y a eso llamáis victoria?
Político: no seas.
¿Decíais que la historia
maestra es de escarmiento? Oh ciega Noria.
Una vez desatado
el blanco,el negro,aceitunado odio,
quién verá cancelado
su último episodio
y al ángel del amor volar custodio.
Tiempo fue en que la vida
foliaba en paz calendas y sosiegos.
Al Buda obeso, ardida
por bonzos y por legos,
subía la fragancia de los ruegos.
La fresca y honda orquesta,
heridora de pieles y metales,
en ecos de floresta
y gamas virginales
desnudaba sus timbres de cristales;
y ondeaba la danza
-flores cabeceando en su cestillo-
y liturgia y balanza
-viso verde, amarillo,
naranja- serpeaban el añillo.
Oh paraíso. Helechos,
cañas bambúes,hojas que crecían
del tamaño de lechos
a amantes protegían
y en túneles sombríos escondían.
Y ahora buitres hinchados,
abortos de las nubes demenciales,
abrasan los poblados,
desmoronan bancales,
ensangrientan espejos de arrozales.
Donde la garza airosa
bajada a hundir en ciénaga de ría
su pico y sobre rosa
zanca después se erguía
y de sus alas el paypay abría,
hoy leve oscila y baja
-hojas van por los vientos impelidas
y otoño las baraja-
llorando por sus bridas,
un muerto a tierra en su paracaídas.
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