Duda, fija y bravía,
girando siempre en torno de tu quicio,
fuerte matrona mía,
contralto del indicio
que abres tu facistol de apuesta y juicio:
tu secuencia que avanza
como un oscuro río subterráneo
graba y borra esperanza,
total ya e instantáneo
eco y surco en la bóveda del cráneo.
Sigue,ya no me asustas,
yo te exprimo sustancia y quintaesencia.
Tus prosas siempre justas
van en fatal cadencia
a acostarse al hondón de mi conciencia.
Por ti el ser es adulto
y en su entraña de luz al niño ahoga,
y el condenado a indulto
a la esfinge interroga
y no dan paz sus manos a la soga.
Pues negación no eres
ni espíritu del mal, sino verdades
que tú vives y mueres,
resquicios, majestades
que turnan, cegadoras soledades.
Madre,nunca me aduermas,
tenme siempre despierto en tu regazo.
Pueda yo, si tú enfermas,
curarte y de rechazo
aumentarte la fe, que es tu embarazo.
Que mientras la hora llega
del silencio sin ritmo, extenso,mudo,
yo me acojo a tu brega.
Sin tacha y sin escudo,
contigo y contra ti lucho desnudo.
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