ABRAHAM SHLONSKY (1900-1973). Nació en Ucrania. En 1921 se instaló definitivamente en Eretz Israel y se dedicó a tareas agrícolas en la renovada patria judía. Sus versos alentaban a los pioneros y se convirtieron en populares canciones de la época. Dirigió la revista literaria "Orloguín". Es considerado como uno de los más eximios traductores al hebreo de Shakespeare, Pushkin y otros clásicos.
JURAMENTO
En nombre de los ojos que vieron la tragedia
y llenaron de clamores el corazón abatido.
En nombre de la piedad que enseñó a absolver
hasta los más terribles días que el perdón,
me juramenté: recordar todo,
recordar – y nada olvidar.
Nada olvidar – hasta la décima generación,
hasta que se borre la infamia, toda, por completo,
hasta que desaparezcan las humillaciones.
Mi juramento será vano si después del furor,
y no tendrá ningún valor, si mañana al seguir mi camino
no he llegado a ninguna conclusión.
REVELACIÓNAlguien llamó: ¡Oye! Alguien pronunció mi nombre. ¿Qué? ¿Quién? Elí dijo: ¡Duerme! Elí dijo: ¡Es en vano! Elí dijo: No existen las visiones, mi vista se apagó. Me llaman de nuevo: ¡Escucha! Pronuncian mi nombre otra vez. ¿Cómo poder responder? ¡Presente! Media noche. El anciano Elí solloza en su lecho. "Hijo mío... hijo mío". El universo cae encima mío, como herido a la puesta de sol, entre los restos de mis nubes. Comprendí, el que habla es el Señor. Vendrá en un torbellino y besará nuestras heridas. Elí está muy viejo. Sus hijos, unos malvados y yo, todavía muchacho. El universo ruge y canta de dolor y en el rojo horizonte, un dedo como rayo me llama. Manda, Señor: ¡Tu siervo escucha!ORACIÓN DE GRACIASLluvia de Dios – Bendito sea el Señor. Gracia húmeda de los cielos, ponderen el pan, que tiene buen gusto, cantad las bondades del agua. Observen al terrón interna y exteriormente, caliente es su tierra sembrada. Tierra, bendice a que se haga según Su voluntad, bendice al viento y a la lluvia. Está húmeda tu huerta, porque quisiste el rocío, se bendigan en ti, seno y matriz. Agradezcan al pan, al buen pan. Agradezcan al pan.A LA FAENAVísteme santa madre, una linda camisa de colores y al alba condúceme a la faena. Envuelta de luz, como con taled, está mi tierra. Los edificios se yerguen como filacterias y como sus correas, se desbordan los caminos, trabajo del hombre. La población reza la plegaria del amanecer a su Creador y entre los creadores – tu hijo Abraham, poeta y cantero en Israel. Al anochecer – al crepúsculo, cuando vuelve el padre de su tarea, murmura como satisfecho la plegaria: mi querido hijo Abraham: Vida, carne y huesos – Aleluya. Vísteme, santa madre, una linda camisa de colores y al alba condúceme a la faena.TrabajoVísteme,madre buena, una ropa vistosa de coloresy, con la aurora, llévame al trabajo.Mi tierra se envuelve en la luz como en un chal de rezar.Las casas están como las cajitas de filacterias de la frente,y como cintas de filacterias, la carretera se desliza,lisade palmas.Reza la oración del alba la villa al Creador,y entre los creadoresestá tu hijo Abraham,peón caminero y poeta de Israel.Y por la tarde, entre dos luces, regresa mi padre de su afány como una oración murmura satisfecho:Hijo querido, Abraham,piel,nervio y huesos:Aleluya.Vísteme,madre buena, una ropa vistosa de coloresy, con la aurora, llévame al trabajo.Las Estrellas del SabadoLas estrellas del sábado suben más tranquilas que tú,que estás hoy triste.Tu tristeza es casi un menosprecio de Dios,un soplo en las candelas que encendiera la madre.¿Acaso no hiciste voto de silencio,el cual es sustancia del humano lenguajey como miel, privilegio de mil rosas,como un paisaje donde el arroyo,el bosque,la montaña,habitan solitarios y juntos con pactode no reñir jamás?Sé uno con los tiempos, con tus contemporáneos,y camina a tus postrimerías como el río caminaa la certeza de un mar con una playadonde los niños amasan hogazas de pande arena húmeda,donde una caracola, sin voz ni palabra,murmura a tu oído los secretosde la marea altay baja.Las estrellas del sábado suben más tranquilas que tú.Fin de AdarComo ajorcas de oro en los brazos de una beduinaadornan los montes de Guilboa el valle de Israelcon brazaletes,en las horas de oro,las tardes últimas de Adar.Entonces salen las aguadoras al pozoy son las anémonas como ajorcas en sus pies.Inclina, inclina tu cántaroy bebamos el agua fría del pozo bullidora,que será vino bueno al paladar.Porque Adar desciende a agonizar para ser fruto,cuando los beduinos de la tribu de AzraY nosotros somos cielos entonces de tramontolas tardes últimas de Adar.LabradorUn camello... y la arada. El filo de la rejaque terrón y terrón separa con fatiga.Nunca fuera el mundo tan uno.Toda la eternidad abrazada en el instante.Aquí, un barrunto de crimen,la reja que se clava.Aquí Caín que hiende la unidad del terrón.Nunca fue tan corta la distanciaentre un hombre,un camelloy el cielo.PastorEsta vestedad que dilata sus narices.Esta altura,anhelosa de ti.La luz que rebosa blancura de leche.El olor de la lana.El olor del pan.Y a la vera del rebaño y del hombre,atentaa los bruscos lametones en la acequia,descalza,desnuda en sus cinco sentidos,la mañana que camina al mediodía.Mañana del Génesis. En los pastos los rocíosde las hierbas se evaporan. Y la humareda del estiércol.De horizonte a horizonte: un hombre y el campo.De horizonte a horizonte: el rebaño y Abel.Tres AncianasEn el gris atardecer, junto a la casa encalada,tres ancianas se sientan y miran al frente.Gran silencio en torno.Como si el milano se clavara en su vuelo de pronto.tres ancianas se sientan.Alguien teje sobre sus cabezas,sin ruido,a la maneras antigua, una media azul.Un turbante de oro se arrolla al horizonte.Tres ancianas advierten a un niño de improviso.Tres ancianas despiertan de repentey suspiran: pobre,seguro un huerfanito.Luego se acercan, acarician su mejilla.El niño las contempla y se pone a llorar.Después viene la noche como un niño incomprendido.Las tres ancianas se escurren a la casa.Gran silencio en torno.Como un milano se cierne no sé qué desgraciasobre el banco vacio.OracionPerdóname tú a quien llaman el Nombre,tú, el descubierto,el que refulges de frente.No es mía la culpa, no es mía la culpa,sino que el labio habla confuso y balbuciente.Muchas veces hemos aventurado una palabrahacia tus criaturas..., mas no entienden.¿Es que no habremos nacido en el desierto,tiempo atrás,nosotros?¿No será padre nuestro el que fue primero de todos?Pues entonces, cuando la mañana pelirrojapisó por vez primera lo eterno de la noche,mi padre sabía, mi padre ancestral,mugir sus palabras como un carnero a otro.Entonces la lluvia a la hierba y el trueno a la ovejahablaban y escuchaban a Caín y a Abel.¿Qué haremos, qué haremos, pues, nosotros,los que dirigimos palabras a la nada?Perdóname tú a quien apellidan el Nombre,perdona mis palabras y mi alma confusa.No es mía la culpa, no es mía la culpa.Ayúdame a mugir hacia tus criaturas como tú.
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